PRÁCTICAS PARA RECORDAR
El recuerdo de los sueños puede entrenarse.
No importa si actualmente recuerdas varios sueños cada semana, solo pequeños fragmentos o tienes la sensación de no recordar nada.
Las siguientes prácticas pueden ayudarte a prestar mayor atención a la experiencia onírica y a conservar mejor lo que permanece al despertar.
No es necesario realizarlas todas. Prueba diferentes posibilidades y observa cuáles favorecen especialmente tu recuerdo.
La técnica del objeto que cae
Existe una antigua práctica para intentar conservar las imágenes que aparecen justo en el límite entre la vigilia y el sueño.
Siéntate o recuéstate cómodamente y sostén en una mano un objeto pequeño que pueda caer sin romperse. Coloca debajo una superficie sobre la que produzca un sonido al caer.
A medida que te vas quedando dormido, la musculatura de la mano se relaja y el objeto cae. El sonido puede despertarte justo cuando estabas entrando en el sueño.
En ese momento, permanece unos instantes atento a lo que estaba ocurriendo en tu mente: imágenes, escenas, pensamientos, sensaciones o emociones.
Después, anótalo.
Esta práctica ayuda a familiarizarse con ese delicado momento de transición entre la vigilia y el sueño y a entrenar la atención hacia las primeras imágenes oníricas.
Aprovecha las siestas
Las siestas pueden ser un buen momento para entrenar el recuerdo de los sueños.
Al tratarse de un periodo de sueño más corto y producirse el despertar poco tiempo después de habernos dormido, en algunas siestas resulta más fácil conservar lo que estábamos soñando y por lo tanto aventurarnos a interpretarlo.
Si tienes ocasión de dormir una siesta, aprovecha ese momento como una pequeña práctica de observación y disfrute.
Antes de dormir, dirige tu atención hacia la intención de recordar lo que aparezca.
Al despertar, permanece unos instantes sin moverte y observa qué imágenes, sensaciones, emociones o escenas continúan presentes.
Aunque solo recuperes un pequeño fragmento, regístralo.
Programa varios despertares
Si quieres intensificar durante unos días el entrenamiento del recuerdo, puedes utilizar el despertador para provocar varios despertares a lo largo de la noche.
La idea es aumentar las posibilidades de despertarte cerca de un periodo en el que estabas soñando y poder recuperar el sueño antes de que el recuerdo desaparezca.
Puedes programar varias alarmas espaciadas durante la noche. Cada vez que suene una, apágala intentando moverte lo mínimo posible, vuelve a cerrar los ojos y permanece unos instantes conectado con lo que estabas viviendo justo antes de despertar.
Si recuerdas algo, anota unas pocas palabras clave que te permitan recuperarlo por la mañana. No es necesario escribir el sueño completo en mitad de la noche.
Utiliza esta práctica de manera puntual, no todas las noches. El objetivo es entrenar el recuerdo de los sueños, no alterar de forma continuada tu descanso.
Llama a tus sueños
Antes de dormir, recuerda un sueño que hayas tenido anteriormente. Si puedes, elige un sueño completo o una escena que te haya resultado agradable y con la que tengas una conexión emocional positiva.
No intentes analizarlo ni averiguar qué significaba.
Vuelve mentalmente a ese sueño e intenta recuperar la experiencia tal como la viviste: el lugar en el que estabas, las imágenes, las personas o elementos que aparecían y, sobre todo, las emociones y sensaciones que experimentabas.
No se trata únicamente de recordar el sueño, sino de intentar volver a sentirlo.
Permanece unos minutos conectado con esa experiencia y después deja que el sueño se vaya desdibujando mientras te quedas dormido.
No intentes provocar que el mismo sueño continúe ni decidir qué quieres soñar. Simplemente utiliza el recuerdo de una experiencia onírica anterior como una forma de volver a dirigir tu atención hacia el mundo de los sueños.
Recupera la postura
Si al despertar no recuerdas nada, permanece primero unos instantes inmóvil, con los ojos cerrados, intentando conectar con cualquier sensación o fragmento que pueda aparecer.
Si el recuerdo no llega, prueba a cambiar lentamente de postura.
Colócate en alguna de las posiciones en las que sueles dormir y permanece unos instantes en cada una de ellas, sin abrir los ojos.
En ocasiones, recuperar la posición corporal en la que estábamos mientras soñábamos puede facilitar que reaparezcan imágenes, emociones o fragmentos del sueño.
Si aparece algo, no cambies inmediatamente de posición. Quédate ahí unos instantes y deja que el recuerdo se vaya desplegando.
Sigue la emoción/sensación
A veces no recordamos ninguna imagen del sueño, pero despertamos con una emoción y/o una sensación muy clara.
Puede ser alegría, inquietud, tristeza, miedo, alivio, sorpresa, rabia o incluso una sensación difícil de definir.
En lugar de intentar averiguar por qué te sientes así, permanece unos instantes conectado con esa emoción o sensación.
Pregúntate:
¿Dónde estaba sintiendo esto?
¿Qué estaba ocurriendo cuando me sentía así?
No busques una respuesta racional. Deja que la propia emoción o sensación actúe como un hilo del que tirar, un hilo fluido… relajado.
En muchas ocasiones, al permanecer conectado con ello, comienzan a reaparecer imágenes, lugares, personas o escenas del sueño que parecían haberse perdido.
Atrapa el primer pensamiento
Al despertar puede aparecer inmediatamente una palabra, una frase, una idea o un pensamiento aparentemente extraño que no sabemos de dónde viene.
No lo descartes.
A veces puede ser uno de los últimos rastros que permanecen del sueño.
Mantén los ojos cerrados y vuelve mentalmente a ese primer pensamiento.
Pregúntate:
¿Qué había justo antes de pensar esto?
No intentes encontrar una explicación. Deja que aparezcan asociaciones, imágenes, emociones o sensaciones.
En ocasiones, ese pequeño pensamiento puede convertirse en la puerta de entrada para recuperar una escena o incluso una parte mucho mayor del sueño.
Utiliza palabras ancla
Si te despiertas durante la noche recordando un sueño, no siempre es necesario escribirlo completo en ese momento.
Antes de volver a dormir, elige dos o tres palabras que recojan los elementos más característicos del sueño.
Por ejemplo:
tren · maleta · lluvia
Procura elegir palabras concretas y significativas que, al leerlas por la mañana, puedan devolverte fácilmente a la escena y ayudarte a recuperar otros detalles, imágenes o sensaciones que formaban parte del sueño.
Repásalas mentalmente un par de veces y anótalas rápidamente.
Al despertar definitivamente, lee esas palabras antes de hacer cualquier otra cosa e intenta recuperar el sueño a partir de ellas.
Muchas veces, unas pocas palabras bien elegidas son suficientes para volver a abrir el recuerdo y permitir que, a partir de ellas, comiencen a aparecer otros fragmentos, imágenes, emociones, sensaciones o detalles del sueño que parecían haberse perdido.
Encuentra las prácticas que mejor te funcionan
No necesitas utilizar todas estas prácticas.
Experimenta con ellas durante los próximos días y observa cuáles te ayudan especialmente a recuperar y conservar tus sueños.
Cada persona desarrolla su propia forma de recordar. Lo importante es ir descubriendo qué facilita tu conexión con la experiencia onírica, sin convertir el recuerdo en una exigencia.
Y recuerda: una imagen, una emoción o una sensación pueden ser el comienzo de un sueño que vuelve a aparecer.